viernes, 20 de marzo de 2015

Un parto en agua, testimonio de mi hija Rocío.


Un Parto en Agua

En 2006, Rocío mi hija tuvo a Gerhard mi nieto.



Confío en que el testimonio aliente a muchas mujeres que dudan en tener un parto así.

Soy una mujer afortunada por haber crecido bajo la influencia de mi mamá, una mujer apasionada y dedicada a educar a las parejas durante el embarazo para lograr un parto psicoprofiláctico. Toda mi vida he recomendado los cursos y el tener al bebé de forma natural y sin anestesia. Ahora, después de dos felices partos, creo que la mujer no se debe dejar practicar una cesárea cuando es tan increíble participar en el nacimiento de forma activa. El cuerpo de la mujer esta diseñado para eso y la recuperación es impresionante; es la mejor forma de empezar con la maternidad.

Yo escogí a mi doctor por varias recomendaciones y finalmente la de mi mamá. Tenía pánico a caer en manos de cualquier médico que ve a una mujer embarazada como clienta y no como paciente, quería estar segura de que fuera una persona ética y que apoyara mi decisión de tener un parto natural y sin anestesia, y que solo de darse el caso de una complicación recurriría a una cesárea (práctica común en la mayoría de los médicos en México, lo cual es alarmante) por el bien de la madre y del bebé. Así fue que conocí al Doctor Celaya, médico militar,  convencido de las bondades del parto psicoprofiláctico y uno de los pioneros en hacer parto en agua en nuestro país. A lo largo de mi primer embarazo me fui dando cuenta de que todas las pacientes del doctor con las que platicaba durante la espera, habían tenido partos naturales y experiencias muy satisfactorias. Por suerte, mis embarazos evolucionaron sin ningún problema y estaba lista para el parto el día en que mi bebé lo decidiera.

Estaba ya en la semana 38, a las doce de la noche se me rompió la fuente en mi casa, había estado con contracciones mientras veía una película con Gerhard, pero fue a la hora de acostarme que  empezó a salir el líquido amniótico. En ese momento Gerhard me comunicó con mi mamá y me acuerdo que ella me dijo: “tu bebé va a nacer hoy” escuchar eso me llenó de alegría, estaba muy emocionada, me dijo que había que esperar  y que tratara de dormir y descansar el mayor tiempo posible en mi casa hasta que las contracciones fueran más largas y seguidas, pero que solo yo podía saber el momento. No pude dormir ya que además de que cada vez que me acostaba salía mas agua, las contracciones empezaron a hacerse cada vez más intensas y frecuentes (ese día supe lo que era una contracción), Gerhard me las contaba y también me hacía masajito en la espalda baja. A las 2 30 de la madrugada salimos de nuestro departamento de Cuajimalpa, las contracciones estaban en su apogeo, pasamos por mi mamá que ya estaba lista para venir con nosotros al hospital y acompañarme durante el parto. Al doctor le marque ya rumbo al Santa Teresa. Recuerdo que en lo que mi doctor llegaba nos pasaron a un cuartito y me hicieron el tacto para ver si había dilatación, y para mi alegría ya tenía 5 centímetros, sabía que había llegado en buen momento, que ya estaba a la mitad. La frecuencia cardiaca del bebé estaba evolucionando bien al igual que las contracciones que aumentaban y el tiempo de descanso entre una y otra disminuía. Mi doctor llegó y en ese momento sentí una gran tranquilidad, me dijo que el cuarto ya estaba listo y me sugirió darme un baño para relajarme, no quería pero Gerhard me convenció. me acuerdo de haber estado un ratito bajo el chorro del agua caliente y con un banquito para sentarme durante las contracciones. El baño me distrajo, pero llegó un momento en que necesitaba cambiar de lugar, entonces me quise sentar en el escusado y ahí pase unas contracciones muy intensas, el doctor se sentó frente a mi y me dijo que era muy valiente, que el bebé estaba bajando y que por eso sentía esas molestias. Ahí pase varias contracciones acompañada por mi doctor ya que no quería ser vista por nadie más, hasta que me preguntó si quería que me revisara otra vez, yo dije que si y quedé feliz cuando me dijo que ya tenía 8 centímetros, que mi bebé estaba a minutos de nacer, estaba rendida pero a la vez muy motivada. Me dijo que la tina estaba lista, que si me quería meter al agua; yo no iba preparada, pero me pareció buena idea ya que buscaba cambiar de postura. Salí pálida del baño, yo creo que ese fue el momento de la transición, creía que ya no podía más, estaba verdaderamente cansada, pero en paz, sabía que todo iba bien, entonces camine hasta la tina, antes de meterme el doctor me pidió que hiciera tres sentadillas agarrada de una barra en la pared entre contracción y contracción todavía fuera de la tina, y volvió a decir (lo cual es una gran motivación en momentos tan difíciles) “ ya casi vas a conocer a tu bebé”, al meterme a la tina sentí un gran alivio, la sensación del agua calientita vuelve a cambiar la dinámica y aunque todavía con contracciones, sientes un enorme bienestar, ahora se los beneficios del agua y se que funciona como anestesia natural. En el cuarto estaba Gerhard deteniéndome junto a mi mamá, el asistente del doctor, el doctor y nadie más, realmente un ambiente callado y en paz, tres contracciones más sentada dentro de agua y el doctor me pedía que me recostara entre una y otra para relajarme y recuperarme para recibir la siguiente. El doctor volvió a decir que el bebé no tardaba en salir, entonces me dijo que me hincara y puso un espejo debajo de mi para que viera la cabecita del bebé asomándose y ahí me pidió que pujara al venir la contracción, que mi bebé iba a salir, y fue al segundo pujido que el bebé salió disparado y cachado inmediatamente por mi doctor. Es impresionante el alivio enorme que sientes al ver salir a tu bebé, el doctor me pidió que me sentara, y todavía dentro del agua me puso a mi bebé en las manos cuidando que el agua no entrara a su boquita, Gerhard y yo estábamos felices, todo había salido bien y el bebé lloraba sin parar, estaba despiertísimo, entonces el doctor puso unas pinzas en el cordón que todavía me unía a mi bebé y pidió a Gerhard que lo cortara. Realmente fue toda una experiencia de pareja y la mejor bienvenida para un bebé tan deseado!!!

Realmente recomiendo el parto en agua, la recuperación es impresionantemente rápida, no me tuvieron que hacer episiotomía, pero sobretodo lo veo como una satisfacción  personal, “lo logré” me lo propuse y si pude. Creo que el experimentar los dolores del parto te da una fortaleza especial y el ayudar a tu bebé a nacer te hace sentir muy feliz, saber que tu puedes controlar el dolor, y que la recompensa es superior a cualquier dolor experimentado.

He tenido ya la suerte de haber vivido la experiencia de dos partos en agua de los cuales me siento muy agradecida con Dios, por estar tan cerca siempre, por los embarazos maravillosos que tuve, totalmente normales y llenos de salud, con mi queridísimo Doctor Ramón Celaya por haber cuidado de mi durante cada embarazo, por haber hecho de mis partos una experiencia tan increíble y feliz,  por su profesionalismo y afecto, a mi mamá por haberme traído al mundo y que por su gran amor al psicoprofiláctico nos hizo crecer  a mis hermanas y a mi, con ese “chip” de que es la mejor forma de ayudar a tu bebé a nacer y recuperarse para la madre, y a mi querido Gerhard, que siempre me ha apoyado en mis decisiones y ha sido un compañero fiel y cariñoso en todo momento.



En 2008 Rocío tuvo a Steffan y en 2012 a Sofía, siendo más rápidos los partos y también mucho más fácil su recuperación.

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