Un Parto en Agua
En 2006, Rocío mi hija tuvo a Gerhard mi nieto.
Confío en que el testimonio
aliente a muchas mujeres que dudan en tener un parto así.
Soy una mujer
afortunada por haber crecido bajo la influencia de mi mamá, una mujer
apasionada y dedicada a educar a las parejas durante el embarazo para lograr un
parto psicoprofiláctico. Toda mi vida he recomendado los cursos y el tener al
bebé de forma natural y sin anestesia. Ahora, después de dos felices partos,
creo que la mujer no se debe dejar practicar una cesárea cuando es tan increíble
participar en el nacimiento de forma activa. El cuerpo de la mujer esta
diseñado para eso y la recuperación es impresionante; es la mejor forma de
empezar con la maternidad.
Yo escogí a mi doctor por
varias recomendaciones y finalmente la de mi mamá. Tenía pánico a caer en manos
de cualquier médico que ve a una mujer embarazada como clienta y no como
paciente, quería estar segura de que fuera una persona ética y que apoyara mi
decisión de tener un parto natural y sin anestesia, y que solo de darse el caso
de una complicación recurriría a una cesárea (práctica común en la mayoría de
los médicos en México, lo cual es alarmante) por el bien de la madre y del
bebé. Así fue que conocí al Doctor Celaya, médico militar, convencido de
las bondades del parto psicoprofiláctico y uno de los pioneros en hacer parto
en agua en nuestro país. A lo largo de mi primer embarazo me fui dando cuenta
de que todas las pacientes del doctor con las que platicaba durante la espera,
habían tenido partos naturales y experiencias muy satisfactorias. Por suerte,
mis embarazos evolucionaron sin ningún problema y estaba lista para el parto el
día en que mi bebé lo decidiera.
Estaba ya en la semana 38, a
las doce de la noche se me rompió la fuente en mi casa, había estado con contracciones
mientras veía una película con Gerhard, pero fue a la hora de acostarme que
empezó a salir el líquido amniótico. En ese momento Gerhard me comunicó
con mi mamá y me acuerdo que ella me dijo: “tu bebé va a nacer hoy” escuchar
eso me llenó de alegría, estaba muy emocionada, me dijo que había que esperar
y que tratara de dormir y descansar el mayor tiempo posible en mi casa
hasta que las contracciones fueran más largas y seguidas, pero que solo yo
podía saber el momento. No pude dormir ya que además de que cada vez que me
acostaba salía mas agua, las contracciones empezaron a hacerse cada vez más
intensas y frecuentes (ese día supe lo que era una contracción), Gerhard me las
contaba y también me hacía masajito en la espalda baja. A las 2 30 de la madrugada
salimos de nuestro departamento de Cuajimalpa, las contracciones estaban en su
apogeo, pasamos por mi mamá que ya estaba lista para venir con nosotros al
hospital y acompañarme durante el parto. Al doctor le marque ya rumbo al Santa
Teresa. Recuerdo que en lo que mi doctor llegaba nos pasaron a un cuartito y me
hicieron el tacto para ver si había dilatación, y para mi alegría ya tenía 5
centímetros, sabía que había llegado en buen momento, que ya estaba a la mitad.
La frecuencia cardiaca del bebé estaba evolucionando bien al igual que las
contracciones que aumentaban y el tiempo de descanso entre una y otra
disminuía. Mi doctor llegó y en ese momento sentí una gran tranquilidad, me
dijo que el cuarto ya estaba listo y me sugirió darme un baño para relajarme,
no quería pero Gerhard me convenció. me acuerdo de haber estado un ratito bajo
el chorro del agua caliente y con un banquito para sentarme durante las
contracciones. El baño me distrajo, pero llegó un momento en que necesitaba
cambiar de lugar, entonces me quise sentar en el escusado y ahí pase unas
contracciones muy intensas, el doctor se sentó frente a mi y me dijo que era
muy valiente, que el bebé estaba bajando y que por eso sentía esas molestias.
Ahí pase varias contracciones acompañada por mi doctor ya que no quería ser
vista por nadie más, hasta que me preguntó si quería que me revisara otra vez,
yo dije que si y quedé feliz cuando me dijo que ya tenía 8 centímetros, que mi
bebé estaba a minutos de nacer, estaba rendida pero a la vez muy motivada. Me
dijo que la tina estaba lista, que si me quería meter al agua; yo no iba
preparada, pero me pareció buena idea ya que buscaba cambiar de postura. Salí
pálida del baño, yo creo que ese fue el momento de la transición, creía que ya
no podía más, estaba verdaderamente cansada, pero en paz, sabía que todo iba
bien, entonces camine hasta la tina, antes de meterme el doctor me pidió que
hiciera tres sentadillas agarrada de una barra en la pared entre contracción y
contracción todavía fuera de la tina, y volvió a decir (lo cual es una gran
motivación en momentos tan difíciles) “ ya casi vas a conocer a tu bebé”, al
meterme a la tina sentí un gran alivio, la sensación del agua calientita vuelve
a cambiar la dinámica y aunque todavía con contracciones, sientes un enorme
bienestar, ahora se los beneficios del agua y se que funciona como anestesia
natural. En el cuarto estaba Gerhard deteniéndome junto a mi mamá, el asistente
del doctor, el doctor y nadie más, realmente un ambiente callado y en paz, tres
contracciones más sentada dentro de agua y el doctor me pedía que me recostara
entre una y otra para relajarme y recuperarme para recibir la siguiente. El
doctor volvió a decir que el bebé no tardaba en salir, entonces me dijo que me
hincara y puso un espejo debajo de mi para que viera la cabecita del bebé
asomándose y ahí me pidió que pujara al venir la contracción, que mi bebé iba a
salir, y fue al segundo pujido que el bebé salió disparado y cachado
inmediatamente por mi doctor. Es impresionante el alivio enorme que sientes al
ver salir a tu bebé, el doctor me pidió que me sentara, y todavía dentro del
agua me puso a mi bebé en las manos cuidando que el agua no entrara a su
boquita, Gerhard y yo estábamos felices, todo había salido bien y el bebé
lloraba sin parar, estaba despiertísimo, entonces el doctor puso unas pinzas en
el cordón que todavía me unía a mi bebé y pidió a Gerhard que lo cortara.
Realmente fue toda una experiencia de pareja y la mejor bienvenida para un bebé
tan deseado!!!
Realmente recomiendo el parto
en agua, la recuperación es impresionantemente rápida, no me tuvieron que hacer
episiotomía, pero sobretodo lo veo como una satisfacción personal, “lo
logré” me lo propuse y si pude. Creo que el experimentar los dolores del parto
te da una fortaleza especial y el ayudar a tu bebé a nacer te hace sentir muy
feliz, saber que tu puedes controlar el dolor, y que la recompensa es superior
a cualquier dolor experimentado.
He tenido ya la suerte de haber
vivido la experiencia de dos partos en agua de los cuales me siento muy
agradecida con Dios, por estar tan cerca siempre, por los embarazos
maravillosos que tuve, totalmente normales y llenos de salud, con mi
queridísimo Doctor Ramón Celaya por haber cuidado de mi durante cada embarazo,
por haber hecho de mis partos una experiencia tan increíble y feliz, por
su profesionalismo y afecto, a mi mamá por haberme traído al mundo y que por su
gran amor al psicoprofiláctico nos hizo crecer a mis hermanas y a mi, con
ese “chip” de que es la mejor forma de ayudar a tu bebé a nacer y recuperarse
para la madre, y a mi querido Gerhard, que siempre me ha apoyado en mis
decisiones y ha sido un compañero fiel y cariñoso en todo momento.
En 2008 Rocío tuvo a Steffan y en 2012 a Sofía, siendo más rápidos los
partos y también mucho más fácil su recuperación.